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Franco Basaglia. Un militante de la desmanicomialización

Un 29 de agosto de 1980 fallece Franco Basaglia, psiquiatra italiano y militante de izquierda, impulsor de un movimiento social, político y cultural en salud mental que luchó por el cierre de los hospitales psiquiátricos en su país, lo cual se hizo efectivo de manera progresiva a partir de la promulgación de la ley 180 (más conocida como “Ley Basaglia”) en 1978.

La figura de Basaglia se enmarca en el movimiento antipsiquiátrico originado en Estados Unidos y Europa, el cual surge como respuesta a la ideología manicomial imperante en el campo de la salud mental. Dicho rápida y brevemente, las principales críticas de este movimiento contracultural y político, se dirigen a, por un lado, la psiquiatría convencional, como instrumento legitimador de la opresión mental hacia lxs locxs a través de distintos mecanismos de patologización, medicalización, clasificación y violencia institucional. Por otro lado, el hospital psiquiátrico como el espacio físico, simbólico e institucional por excelencia en el que se priva de la libertad, segrega, excluye y discrimina a lxs locxs por su condición subjetiva. En el contexto de una sociedad capitalista, el dispositivo manicomial forma parte de las instituciones burguesas dedicadas a la explotación y opresión de la clase trabajadora.

En ese marco, la experiencia italiana marcó un antes y después en lo que refiere a la crítica radical del manicomio como dispositivo de control, revelando su carácter represivo y alienante. De esta manera, los planteos teóricos-políticos del psiquiatra italiano desde un inicio estuvieron orientados a abolir el manicomio, señalando su reforma institucional como una vía ineficaz ya que no ataca las bases de la lógica manicomial: la desubjetivación y alienación como consecuencias del trato deshumanizante y la privación cronificada de la libertad. La estructura del hospital psiquiátrico como lugar de encierro, segregación y diferenciación tajante entre lxs “locxs” y lxs “cuerdxs”, hace imposible que se realicen cambios institucionales que permitan una real reinserción social de lxs usuarios internadxs. Una institución que aísla, estigmatiza y discrimina a una determinada población por su situación de salud mental sin ofrecer una salida alternativa que dignifique las condiciones de vida subjetivas y objetivas, y que en definitiva no ofrece una cura real, no es una institución que pueda ser reformada: debe ser abolida en su totalidad.

A diferencia del resto de los países europeos en los que se estaban ensayando distintas alternativas terapéuticas basadas en la crítica antipsiquiátrica, Basaglia logró construir un movimiento en el que confluyeron trabajadorxs de la salud mental, usuarixs, artistas, intelectuales, sindicalistas y militantes de izquierda. Es decir, no limitó la lucha antimanicomial a lxs profesionales de la salud (psiquiatras, psicólogxs, enfermerxs, trabajadorxs sociales, etc.), a un asunto netamente técnico-científico, sino que amplió la acción militante involucrando a distintos sectores de la sociedad que simpatizaron con las denuncias de vulneraciones de derechos que sufrían lxs usuarixs, así como los métodos terapéuticos alternativos que Basaglia y su equipo desarrollaron, basándose en prácticas comunitarias, colectivas y democratizantes, orientadas a la desinstitucionalización y ciudadanización de lxs usuarixs. Dicho de otro modo, lo novedoso de la experiencia italiana es que se entendió la problemática de la locura como un asunto político-social que debía abordarse colectivamente, sin reducirlo a un tema de “profesionales expertxs”. Y para ello es fundamental la articulación y organización desde abajo para presionar al Estado burgués. Desde esta perspectiva Basaglia entendió que la práctica psiquiátrica/terapéutica/institucional debe ir de la mano de la praxis militante.

Desenmascarando el ideario positivista de cientificidad, objetividad y neutralidad de la práctica médica-psiquiátrica, denunció y visbilizó las relaciones de poder y dominación a las que están sometidas lxs locxs al interior de los manicomios, de la cual lxs profesionales de la salud mental ocupan un lugar de poder jerárquico en el que pueden decidir distintos aspectos de la vida de esas personas.

“La condena de ser loco y pobre” y “La institución negada. Informe de un hospital psiquiátrico” son algunos de los libros en los que Basaglia elaboró teóricamente, desde un punto de vista marxista, la particular opresión que padecen lxs locxs. La condición de ser locx y pobre da cuenta de que la condición de clase de las personas con ciertas problemáticas de salud mental, determina el cómo serán atendidos y tratados en los hospitales. En una sociedad capitalista, mientras que los ricos se atienden en las clínicas privadas, los pobres son depositados en los hospitales psiquiátricos. A partir de esa diferenciación, las maneras de enfermar, curar y sanar dependen exclusivamente de la clase social. De esta manera, las personas internadas en los manicomios públicos podríamos decir que corresponden a los sectores más excluidos de la clase obrera. A la opresión producto de las desigualdades sociales hay que sumarle el estigma y la discriminacion que padecen por su situación de salud mental (asociada históricamente la locura con el paradigma de la peligrosidad), lo cual genera aún más segregación y exclusión, lo que el manicomio institucionaliza al confinar en un lugar de encierro.

El análisis de clase que desarrolla Basaglia nos permite visualizar en términos más amplios la inserción de la institución manicomial en la sociedad capitalista, y como ésta permea las lógicas de distribución desigual del poder en las relaciones sociales. En este caso, lo que está claro es que el/la locx al estar internado queda desprovisto de poder. Pasa de ser un ciudadanx, un trabajador con derechos (al menos en el plano formal) a un paciente desocupado sin derechos. Por lo que el desafío es mucho más grande que simplemente cambiar la infraestructura de un hospital o un servicio. De lo que se trata es de modificar de raíz el paradigma manicomial. Apostar a politizar las prácticas en salud mental que habiliten la circulación de la palabra y la toma de decisiones de manera colectiva. Un ejemplo de esto es como Basaglia siendo director del Hospital Gorizia introdujo el método asambleario con lxs usuarios, democratizando el uso de la palabra y habilitando los debates y toma de decisiones en torno a las problemáticas cotidianas e institucionales que les afectaban.

Ahora bien, en Italia sólo fue posible llevar a cabo un proceso de desinstitucionalización (que en Argentina conocemos como desmanicomialización) real, integral y sostenido en el tiempo, entre otras cosas, modificando en el cuerpo social el sistema de creencias impuesto por la lógica manicomial que asocia la locura con la peligrosidad, y que rechaza y discrimina cualquier expresión subjetiva que no se adecue a parámetros capitalistas, cuerdistas y capacitistas. Es decir, los cambios políticos-institucionales se articularon con transformaciones socio-culturales que permitieron concientizar y sensibilizar a la sociedad en torno a -para decirlo en pocas palabras- la desestigmatización de la locura, cuestión fundamental para lo que refiere a la inclusión social, laboral, familiar y comunitaria.

Esto último es relevante para pensar la situación local en relación a nuestra Ley Nacional de Salud Mental. ¿Es la ley un fin en sí mismo? ¿Basta con aumentar el presupuesto? ¿Es la desmanicomialización un proceso que depende solo de las políticas estatales? La experiencia italiana y las reflexiones teórico-políticas de Basaglia nos dejan una serie de enseñanzas como para pensar los desafíos y tareas de nuestra realidad actual. Lo cierto es que, tal como refiere el psiquiatra, una ley no cambia un paradigma. Y cerrando los manicomios tampoco es suficiente. Se puede convivir perfectamente con la lógica manicomial en la sociedad incluso con los hospitales psiquiátricos cerrados. Por eso, la militancia antimanicomial requiere de una organización transversal entre los distintos sectores de la clase trabajadora (trabajadorxs de la salud, agrupaciones de usuarios y ex usuarixs, sobrevivientes de la psiquiatría, colectivos culturales y artísticos, organismos de derechos humanos, el sindicalismo combativo, los partidos de izquierda, etc.) que apuntamos por abolir tanto los manicomios como el paradigma manicomial. Ese debe ser nuestro horizonte estratégico.

Por Sebastian Soto-Lafoy. Trabajador de la salud mental. Psicólogo. Integrante del organismo de salud mental del MST

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