Up: una aventura de altura es una de las películas más recordadas de Disney. Estrenada en 2009, la trama sigue a Carl Fredricksen, un anciano malhumorado que, tras la muerte de su esposa Ellie, vive aferrado a la casa que ambos construyeron y llenaron de recuerdos. A punto de ser desalojado por el avance de grandes proyectos inmobiliarios que transforman su barrio, Carl decide cumplir la promesa que nunca pudo concretar junto a su amada: viajar a Cataratas del Paraíso, una imponente caída de agua inspirada en el Salto Ángel de Venezuela.
Para lograrlo, convierte su propia casa en una nave aérea improvisada, elevándola con cientos de globos rellenos de helio. Sin embargo, todo da un giro inesperado cuando aparece en su casa Russell, un niño scout que se suma al viaje por accidente y que Carl debe proteger como si fuera el hijo que nunca pudo tener con Ellie.
La obra se encuentra tan bien narrada y animada que, en la entrega de Premios Oscar de 2009, obtuvo las estatuillas a mejor película de animación y mejor banda sonora, compuesta por Michael Giacchino. Además, marcó un hito al convertirse en una de las pocas películas animadas nominadas a mejor película.
Pero lo que muy pocos espectadores saben es que la historia se encuentra inspirada en un caso real. En particular, la casa que se muestra todo el tiempo es una réplica de la vivienda de Edith Macefield, una mujer que se negó a vender la propiedad de toda su vida pese a las ofertas millonarias que recibió de empresas constructoras. Su hogar, conocido como Whitewood Cottage, quedó rodeado por edificios modernos y terminó convirtiéndose en un símbolo de resistencia al avance de los rascacielos en la ciudad de Seattle, Estados Unidos.
Durante más de medio siglo, Edith Macefield vivió en la misma casa de un piso y medio ubicada en el 1438 NW 46th Street, a metros del puente de Ballard, en Seattle. Mientras el mundo la bautizó como “la casa de Up”, ella siempre la llamó Whitewood Cottage. Allí se había mudado en 1952, cuando la compró por 3750 dólares, y permaneció en este lugar hasta el final de su vida.
La propiedad no solo fue su hogar, sino también el escenario de sus momentos más felices y más duros. En esa casa murió su madre, Alice; también allí fue víctima de un asalto a punta de pistola, escribió gran cantidad de cuentos y disfrutó de su enorme jardín hasta altas horas de la noche. Pero entre esas paredes también decidió resistir hasta su muerte al avance de las grandes inmobiliarias que comenzaron a transformar el barrio de Ballard lentamente.
Edith rechazó ofertas que alcanzaron el millón de dólares para vender la propiedad, por lo que no se trataba de una decisión económica, sino de una elección personal de terminar sus días en este lugar. A pesar de los ruidos molestos, los problemas edilicios y la llegada masiva de nuevos vecinos, la mujer resistió en la casona que se transformó en un punto turístico, ya que es el único lugar de la ciudad en el que se puede ver la antigua y la nueva Seattle en un mismo lugar.
Aunque su historia se hizo muy famosa en el mundo entero, muy pocas personas llegaron a conocerla en profundidad. Según pudo recopilar el diario The Seattle Times, la mujer trabajó durante años como gerente de una tintorería, Spic ’N Span Cleaners, pero se definía a sí misma como escritora y cantautora. Tocaba el saxofón, escribía cuentos y jugaba al golf en su propio jardín.
En verano, al caer la noche, solía gritarles a los chicos del barrio que era hora de irse a dormir para que dejaran de molestar con sus bicicletas, muy parecido a como lo hace Carl con sus jóvenes vecinos en la película de Disney.
En 2006, mientras se desarrollaba el complejo comercial que rodeó su casa, Edith entabló un vínculo inesperado con Barry Martin, el superintendente de obra del proyecto. Aunque trabajaba para la constructora, fue él quien comenzó a ayudarla con tareas cotidianas debido a su avanzada edad. La llevaba a la peluquería, le cocinaba, le limpiaba, le organizaba citas médicas y hasta llegó a hablar con sus doctores como si fuera su familiar directo.
Edith solía llamarlo de madrugada o cuando él se iba, para pedirle ayuda con sus pastillas o con el reproductor de CD’s que no podía encender. Según recordó Martin, solo una vez le dio las gracias. “Me hizo pensar que tenía miedo de mostrarse vulnerable”, recordó.
Tras su partida, en julio de 2009, Barry Martin vendió la casa al inversor inmobiliario Greg Pinneo por 310.000 dólares, con la condición de que permanezca en las mismas condiciones. Su comprador esperaba utilizar el lugar para establecer una oficina de asesoramiento inmobiliario, pero en el año 2015 la casa entró a la subasta y luego pasó a estar otra vez en venta, porque Pinneo no había pagado los impuestos de los últimos años.
Desde entonces, el lugar es utilizado para realizar distintos eventos como la obra de teatro The Macefield Plot, escrita por Daniel Thurman, de 2019, que se repitió en 2021. De esta forma, sus nuevos dueños buscan cumplir el pedido de Edith de no demolerla para que pueda seguir vivo el espíritu de la ciudad antigua.
